SOBRE EL ARTE CALLEJERO
(aspectos físicos y morales
de los artistas callejeros)
de los artistas callejeros)
Se denomina arte o artista callejero porque el escenario, el lugar donde se realiza la presentación, es un lugar público, es decir: plazas, muros, calles o peatonales, restoranes, medios de transporte como buses y trenes o semáforos donde el artista divulga su trabajo y, en algunos casos, su mensaje.
Esta es una de las pocas diferencias entre arte callejero y el que se realiza dentro de un circo, teatro o sala de concierto, y no por suceder en la calle significa que será de menor calidad -porque en la calle, usted sabe, se encuentra de todo. Otra marcada diferencia es que en el arte callejero no se cobra un ingreso de antemano, pues porque no hay puerta, sino que se recibe la colaboración voluntaria del público, si ha quedado satisfecho, al final o durante la presentación.
Eliminando el escenario o, por mejor decir, haciendo de cualquier ámbito un escenario, el artista callejero rompe esa barrera, ese desnivel injusto entre el público y el artista; llevando así el arte a personas que, de no ser de ese modo, no tendrían acceso a otra cultura más que la que está de moda en los medios de comunicaciónradio, ya sea por tiempo o dinero, ni de asistir a un concierto de violín, a una función de circo o teatro, ni deleitarse con el baile de otro continente que una mujer les muestra o, mejor dicho, lleva consigo.
En el arte callejero se encuentran todas las artes escénicas, principalmente música, danza, teatro, circo o malabares, pintura, poesía e incluso proyecciones cinematográficas como videos, documentales, cortos y películas, entre otros -estatuas vivientes, artesanos, curanderos, etc.
Dentro de cada rama del arte callejero, como en el arte de salón, cine o teatro, están los que se dedican a un estilo en particular dentro de su oficio. Por ejemplo, hay quienes se dedican a bailar tango en su propia ciudad o cualquier otra del mundo, divulgándolo incansablemente, día tras día; lo mismo sucede con la música, donde hay quienes sólo interpretan un estilo como ser el jazz o la música andina; hay actores o payasos que se comprometen con la sociedad y no montan una obra sin contenido social contemporáneo, es decir, de conciencia o de protesta, de revolución, de un cambio justo en la realidad que vive el Pueblo en ese momento y en esa región.
Es, creo, por ésta última razón que el arte callejero tiene una función muy importante en la sociedad.
Hay dos tipos de artistas callejeros, los que lo son de un lugar y los que son de todos los lugares, porque viajan.
Los primeros, generalmente, se sumergen en un estilo o parte de la disciplina a que se dedican, generalmente en los mismos lugares, cuando no en el mismo. Estos, si bien son fiel ejemplo de otro modo de vida, no difieren mucho del trabajador común que cada mañana se dirige sistemáticamente hacia el mismo lugar, a hacer lo mismo de todos los días.
Los artistas viajeros, por el contrario, al verse influenciados por variadas culturas y conocimientos adquiridos en diversos países o regiones del mundo, divulgándolos, muestran, a su vez, un modo alternativo y libre, en la mayoría de los casos, de vivir en el sistema.
Esta última clase de artistas de la calle es la más desvalorizada actualmente, por ser considerados de vagabundos, debido a sus hábitos y negligencias con el ambiente y consigo mismos, en un gran porcentaje.
Reflexionando sobre esta clase de artistas de la calle -a la cual pertenezco felizmente hace ya más de una década-, pensando en lo bueno que sería que los artistas de la calle sean más valorados y el arte en la calle más respetado, más atendido, surgió la inevitable pregunta de ¿cómo hacemos para cambiar eso?.
Y las respuestas surgieron de la lógica y de la observación de los artistas y del público. He aquí los puntos:
1. El artista callejero debe superarse a sí mismo en cada presentación (cada bus, muro, faro, cada artesanía, restorante, plaza...), entrenar día tras día, mejorando así por amor y compromiso para consigo mismo, con el público y con el arte. Demostrando así la constancia, el progreso y la belleza de un arte hecho con alegría y dedicación, es decir, de corazón.
Al artista que carece de hábito, dedicación o disciplina se le recomienda rodearse de otros artistas, sin importar el género artístico, para que, con el ejemplo de esos que sí se dedican, se motive a mejorarse a sí mismo, saliendo de esa comodidad, esa pereza en la cual muchos se estancan por creer que lo que hacen o saben les da lo suficiente, lo necesario. A esos les digo que el verdadero artista no lo hace por el dinero, sino por el arte; el dinero no es sino una retribución justa y voluntaria que el público estipula y decide en segundo plano, un fin consecuente.
Puedes viajar el mundo con tres canciones de tres acordes, marcar la base con clavas o naranjas, pintar siempre el mismo rostro... pero así no viajas en el arte del mundo.
2. El artista debe tener buena presencia, al menos a la hora de hacer su presentación. Esto no significa vestir ropa nueva ni a la moda, esto significa mantener el propio estilo pero sin manchas, significa tener respetuoso trato y comportamiento con el público, instrumentos, juguetes y vestuario, repito, en buen estado. Así demostramos respeto por nosotros mismos, por el arte y por un público que ha sido criado y educado, como nosotros, bajo estas y más normas superficiales.
Esto ayuda a que el propio artista y el arte de la calle sea valorado como cualquier otro trabajo, que sea respetado por dicho público, respetado como cualquier otro profesional que ha estudiado durante años en escuelas, conservatorios, universidades, cursos, talleres, etc, y que saben tanto, más o menos que los que se han formado en la calle.
El artista callejero que se aventura en un bus o restorante se enfrenta a un publico que, en gran parte, lo ignora, lo menosprecia y lo desprecia, a diferencia del artista de salon, el artista callejero recibe insultos e indiferencia, entre otros, aunque su presentación sea impecable. Aún así sigue adelante como el guerrero que es, no desiste ni le gana la derrota, por el contrario, sabe nutrirse de los pocos que lo valoran y lo aprecian. Los aplausos que se le niegan fortalecen su determinación.
Continuando, cuanto mejor vestuario y virtuosismo más retribución emotiva y material del público, más respeto al arte y al artista callejero que demuestra dedicación y alegría por su trabajo.
Así se deja el camino limpio para los que vienen.
3. El artista callejero debe ser consciente de que, cuando la presentación es en un bus, por ejemplo, es, en verdad, una intervención. Entonces el público, que hasta ese momento eran simples e individuales pasajeros, puede reaccionar con indiferencia y hasta con desprecio, puede que ni siquiera colabore con cinco centavos, puede que incluso se manifieste en contra.
¿Por qué?
Por eso mismo, porque es una intervención en un lugar o transporte público, donde los clientes, transeúntes o pasajeros, que el artista callejero, repito, ha decidido convertir en público, tienen el derecho de gustar o no, de querer o no.
El artista callejero que piense que esto está errado puede presentarse en un escenario contratado, donde el público es quien busca y hace al ego del artista, y paga de antemano por eso, al contrario de los músicos callejeros que no cobran sino que reciben con libertad una vez terminado el trabajo, cuando no durante.
El artista no debe caer en ese juego de selección por lo superficial y debe presentarse para cualquier tipo de público, desde los que menos tienen hasta los que más; el artista de la calle no debe hacer suposiciones basadas en lo superfluo, es decir, en la apariencia del público, pues del corazón más humilde puede nacer lo que estaba necesitando.
Y, antes de reclamar de quien no colabora o desprecia, se debe agradecer por aquellos que colaboran y por aquellos que dan fuerza y aliento para continuar, pues son éstos últimos los que hacen que el arte callejero continúe vivo, divulgando todos los aspectos de la cultura popular de raíz y contemporánea.
Aquellos que desvalorizan o desprecian a los artistas de la calle lo ignoran, y es parte del artista hacérselos saber con alegría, respeto y virtuosismo.
Esa es, pues, precisamente, la verdadera función del arte callejero: conocer y divulgar la cultura, tanto de un país o región como del mundo, y mostrar que el sistema impuesto se puede vivir de otro modo: sin tantas ataduras, sin horarios ni patrones y, por ende, más libre y despreocupado que el trabajador, en la mayoría de los casos, que se levanta cada mañana a cumplir con la triste o sin gracia rutina que un sistema materialista le ha cargado en sus espaldas.
Artista callejero es ejemplo vivo de vida.
Es por eso que encuentro de gran importancia el arte en medios de transporte, semáforos, plazas y espacios públicos, porque es ahí donde se encuentra y se toca el corazón verdadero de cada pueblo, el corazón del pueblo trabajador, del pueblo que siente tanto la alegría, la nostalgia o la injusticia con gran pasión. Gente que nunca vio una clava o mono-ciclo o un hombre caminando con zancos, gente que ni se imagina para qué sirve todo eso, gente que nunca vio un payaso tan de cerca, gente que nunca escuchó música tradicional de países hermanos, gente que no conocía un charango, flauta o zampoña hasta que un músico callejero se los presentó en el bus que los conducía a sus casas o empleos... Gente así es a la que el arte callejero está principalmente destinado, gente que tal vez no tiene el tiempo o dinero para asistir al teatro, el circo o sentarse en un bar a escuchar música en vivo. Ese es el público de los artistas callejeros, ese es el pueblo unido a través del arte callejero.
Lima, Perú
Andrés Bonvin
5 de Octubre de 2017

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