PAISAJES DEL HOMBRE MODERNO



TRANSICION

Tú también eres un dios. Eres un dios porque puedes gestar y parir mundos con la vibración de tu mente, dar vida y muerte a tus creaciones, imponer tu capricho; puedes ser equilibradamente injusto o justamente desequilibrado, hacerte de un séquito de confundidos y desolados; imponer el temor de algo que no hay y mucho más. Pero, como cualquier dios, lo que no puedes evitar es que el Hombre te decepcione, y se te ría en la cara.

I

Con el sol tras el morro y la luna aún colgada del espacio aéreo se alzó el Hombre hecho un sólo despojo: su cuerpo blando parecía más débil que los valores del ciudadano moderno, su lengua áspera color tabaco comenzaba a hincharse y sus ojos torcidos eran como dos bombuchas a punto de explotar con cada ataque de tos, que parecía un preludio para escupir una tristeza que se aferra en el pecho. Pero no, no lo era.
Así, con una mano en el corazón y la otra en el aire se escurrió hasta el espejo y ahí se detuvo, ya sin tos y en silencio.
Ahora su caricatura monstruosa lo observaba desde el otro lado, también sin tos y en silencio.
- Un día más… -dijeron en coro el Hombre y su reflejo mientras el primero comenzaba a afeitarse y el otro, con un tajo, se adornaba el ojo izquierdo.
No se sorprendió, porque no era la primera vez que le pasaba y porque ya tenía visto cosas más locas, como un hombre sincero. Asique continuó con la farsa como si nada: se lavó los codos (pues pensaba darle la mano a mucha gente ese día), cubrió con una peluca su lengua, perfumó frenéticamente su miembro y se afeitó las orejas en cuanto su doble lo imitaba a destiempo y se ahogaba de risa.
Ya harto de la comedia se apresuró en los últimos detalles y casi sale volando cuando recordó un olvido: pintar una sonrisa bien grande que disimulara esos labios apretados, fundamental para el teatro de la gente.
Así lo hizo.
Y salió silbando una melodía alegre bien ensayada y saludó a doña Rutina con un guiño de su ojo rasgado.

II

Él queria sentirse querido hermano, queria creer que la convivencia era sincera hermandad, que esos que él queria llamar de hermanos llevaban colgadas del cuello las mismas intenciones, que al Amor le importaba algo antes de si, que hay un dios bueno y otro malo, que hay bueno y malo y que hay adios bueno y adios malo.
Él queria ser puro pero en la convivencia lo forzaron y le entorcharon el camino, quiso querer y le reprocharon, él mismo reprochò y lo marcaron.
¡Como tantos otros!
La transparencia le pintaron de negro y la mano blanda le atrofiaron con herramientas pseudo anatomicas que él mismo, convencido (aunque nunca del todo), lleva en su cabeza dolida.
Lleva una regla en la frente con la que le ensenaron a medir las cosas y lo mide todo cual nino obediente, la boca cargada de palabras que le agrian el gusto y que no dice sino que escupe, unos pies que no responden a sus palabras sino a una orden extra-ajena, extrangera, tras una moneda impuesta.

III

El Hombre se sorprendió en un Parque que no reconocía pero cargado de gente que le recordaba algo; y aunque muchos de esos rostros le parecieron familiares, no encontró un amigo o parentesco de rutina: estaba solo.
Sin moverse y solo procuró la mirada amigable de algunos que lo observaban, también inválidos y en procura de algo: los detestó.
Y mientras los detestaba escuchó ahí cerca enjhombres donde cada parte zumbaba en otro tono, de modo que se confundían las letras y las palabras de una parte se amasaban en una orgía pegajosa con las de otras partes.
Nadie entendía nada, ni le interesaba, pero aun así se atraían o repelían con gestos y miradas y, sobre todo, con un interés secreto.
Entonces el Hombre comenzó a andar y se paseó por el Parque y atravesó multitudes barullentas, atravesó montañas y lagos que parecían océanos, mares que parecían ríos y más multitudes barullentas.
Varios de aquellos, que asomaban entre la torva turba, le hablaron a la pasada pero no le dijeron nada; y los que parecían querer darle algo le extendían el brazo, para quitarle.
Así es que llegó desnudo, añejado y sin adornos -¡casi sin cabellos!- a lo que parecía el final del Parque o, mejor dicho, de su eterno retorno. Porque el Parque no tiene caminos.
Y vio que tantos otros, como él, se rendían en aquel punto y se sentaban bajo la sombra de los árboles y lloraban. Lloraban juntos, pero solos.

IV

Una planta despierta con sus gemidos y le dice que “no solo arriba es abajo y abajo arriba sino que arriba tambien es a la izquierda y la derecha, que derecha e izquierda son los puntos que estan en el medio, que el medio no es mas que los lados al mismo tiempo”
Al comprenderlo, su mente comienza a diluirse en la vibraciòn, retorna a la gran mente que le enseña sin lengua y sin ojos, sensacion, el olvido.
Pero su apego al ego pesa cual ancla de carne aferrada al fondo, que es la superficie; y la linea eslabonada que hace de aquellos dos extremos la misma cosa se compone de amores, vicios, pasiones, suenos irresolutos, amigos-momentos, hijos-pedazos-de-ego, frutillas, miel, pan y vino... Asi se resiste y retorna a su fondo terraneo, comienza a vibrar y en su primer paso pisa la planta que dijo lo que dijo.

V

Y la semilla perforada por el despiadado pico de un pàjaro, desde el suelo y casi sin aliento le dice que “en verdad solo hay un camino, siempre hubo un camino y no dos o mas, pero al mismo tiempo hay una fuerza que se enfrenta a sì misma, bifurcando las cosas. Mi camino es ser arbol, semilla o polvo, vivir o morir, lo de siempre, el mismo camino; y si soy arbol tengo formas de serlo, no caminos que dibujan formas; puedo flores, puedo frutos, puedo hojas pero no puedo caminos, porque no los hay, porque son formas que dicen de todo menos caminos”.
Sin entender nada sepulta en su estomago la semilla perforada y reconoce en el cielo estrellado formas que no entiende pero que bien sabe no son caminos, porque no los hay.
Y hecha raices.

VI

Despertó el Hombre en un sueño y vio que la gente en la calle llevaba tapadas las orejas y que una caja de sorpresas les cubría la frente y todos a un mismo tiempo hablaban a los gritos con palabras muertas, de modo que todo aquel palabrerío era como el ruido de una fábrica de aire abandonada.
Se acercó el Hombre a uno de aquellos voceros, bicho curioso, y, arrancando una de las tapas supo que ellas también hablaban. Se la acercó al oído y escuchó que repetía caprichosamente frases sin fondo; frases que la gente repetía inconscientemente; frases repetidas inyectadas en su estupidez.
Se aterró el Hombre y arrojó la tapa al aire y la vio convertiste en una lágrima desesperada. Y comenzando a andar pasó al lado de aquella gente que continuaba gritando sin percibir algo, y quiso sonreír en símbolo de reproche o desprecio, y recién entonces se percató de que llevaba la boca sellada.

VII

En silencio y sin pretensiones se pasa el tiempo contemplando el horizonte o los puntos más allá: el cielo y el mar sin olvidar lo que está más allá de todo aquello y que escapa a los ojos de la materia.
Sin pronunciar palabra, por creerla innecesaria, y sin tocar su instrumento por parecerle sin sentido; sin pensamientos por esto y por aquello y sin tanta cosa se pierde en el tiempo.
No le importa el futuro porque es inevitable ni la vida porque le ensenaron que no hay qué preocuparse de lo que no tiene valor. Así al Hombre todo le da lo mismo y si llora no es por él sino por ti, lector; y casi nunca ríe, eso sí, casi nunca ríe y si lo hace es por pura cortesía.
El Hombre lleva marcas en el cuerpo y no son heridas sino signos de su paso por la vida que ya no vive.
Así pasa el no-tiempo en completa inacción, inpensamiento, inmutable. Y lo único que se pregunta, retórico, de tanto en tanto, es:
- ¿Cuánto más?
Pero la pregunta está errada.

VIII

En medio de la noche interminable, que lo cercaba como frío grillete que inmoviliza la mano libertaria, escuchó el Hombre el murmullo de una voz dulce que intentaba pronunciar lo que parecía un nombre:
- Shh... shh... -decía la voz y no era el viento ni la marea que hablaban sino un ser de piel verdosa como la banana que aún no madura, un ser casi humano que lo llamaba con gestos de sus manos finas y estiradas, agazapado en la mata- shh... shh... noyorei -decía en un lenguaje parecido al suyo, pero confuso como la Inteligencia; y vio que, por más que se esforzara en su lengua, el Hombre nunca le entendería. Fue entonces que aquel aprendió su lenguaje de palabras, pero olvidó el más importante: el de los códigos y los signos.
Así noche tras noche lo moldeó con verbos dulces, con adjetivos coloridos lo adornó y con combinaciones de palabras creó horizontes fabulosos y figuras, que en el aire se escapaban mientras sus caricias dibujaban en su cuerpo un laberinto de sensaciones que lo obligaban a olvidar la injusticia del sistema. Forjando así un lazo invisible entre el sexo del Hombre y el suyo (que se situaba delante de su corazón).
Pero cuando no conseguía expresarse correctamente inventaba palabras y mentía (aunque en él la mentira y la verdad se confundían) y aun así, sabiéndolo, como un borracho marginado se rindió el Hombre a sus pies, renunciando a todo.
Así lo detuvo y cautivó con sus conjuros y así le sopló sobre la nuca mientras lloraba en un momento de impotencia:
- Shh... Shh... no llores, que la culpa es culpa del que culpa, y tú no culpas sino a ti mismo de tus yerros. Es hora de romper la cadena que lastima tu mano izquierda y cortar las falsas raíces que han brotado de tus pies forasteros. Es hora de desplegar esas alas que has fortalecido en el cautiverio –mas el Hombre comprendió que sus ojos mentían y dijo, desviando la mirada hacia la mata oscura:
- Si de algo me arrepiento es de ser tan humano -y liberando su mano libertaria lo tomó por el corazón (que en él se situaba en el vientre) y lo hizo un bollo, como si fuera la fría carta de un pasado perdido, y lo regaló a la garganta del río...
Así, mientras aquel se disipaba en la corriente dulce y mineral el Hombre se dispersaba entre la mata espesa.

IX

Recostado en la arena sigue el paso de la Luna, lento e inagotable; no piensa ella ni en él. Paciente, la ve irse como todo, como el cigarro que se deshace entre sus dedos y sus pulmones dando paso a uno nuevo que enciende con el viejo, y otro, y otro y toce, y toce y toce y la garganta le lastima por guardarse lo que no debe y por eso escupe sangre, sangre que debería ser la de otro.
No se lamenta, no se arrepiente cuando en el espejo de agua se contempla y ve un rostro forastero y no lo quiere, y se levanta furioso y se va lejos, donde ni un reflejo le pinte recuerdos.
Así ve que es todo lo mismo, repetido infinitas veces y que uno no puede hacer nada al respecto sino iluminarse; y así como no puede cambiar el curso de la Luna no consigue amar al prójimo que continúa siempre por el mismo camino.

X

Una voz se acerca a su oido izquierdo y le informa sobre la humanidad civilizada, dice que nada ha cambiado, que todo està cada vez peor, rumbo a un camino de devastacion, un camino de una sola mano.
La voz cambia su tono y se dirige a su oido derecho para decir que no, que todo està cambiando y que la gente se alza en nuevas comunidades naturales, retorno a la casa.
Ahora el silencio le da la palabra pero no dice, no dice que lo uno o lo otro, y se sumerge en el Todo que nunca dice.

XI

Bajo los rayos de la luna llena, solemne, el Hombre lava en el mar su piel abatida, la moja y la remoja, la refrega con una piedra blanda mientras que en su mente se proyectan las sensaciones del espìritu que viste.
Siente caricias que duelen, dolores que son como susurros en sus poros; cada poro es una estrella y el Hombre un universo que se desconoce a si mismo como una gran mente tonta, lerda.
La vibracion transmuta en materia ligera que gana peso y continua hacia la forma que visualiza la mente. Ancla de agua y hueso o agua-tierra que se pierde y se sumerge en un mar de vulgaridades y vanalidades que luchan por ser algo màs en un cementerio de naves de fantasia.
Frota y frota el Hombre su piel cosmicamente aburrida para darle un color y un poco de vida al color. No canta mientras lava como aquella lavandera del cañaveral, no silba como el pajaro parlante, ni se lamenta por lo que quita de esa piel que es puro nostalgia, pues sabe que es pesado pasado.

TRANSICION

Los símbolos del pentagrama acosan al Hombre con sus códigos, él sabe que están ahí y que por estar ahí son tal cosa o tal otra. Una línea, un círculo, un triángulo son para él más que simples formas, son sentimientos, fantasías, caprichos, repeticiones, amores y maldiciones.
Entonces, cuando mira el pentagrama ondulante de la vida, comprende que es lo mismo, todo lo mismo, incluso él, que está enjaulado entre no cinco sino cuatro líneas rigurosas, es lo mismo.
Y se pierde en un campo abierto en el que se obstina en inventar caminos, en dibujar círculos, triángulos, trapecios y, lo que más le sale, rigurosos cuadrados.
Así el campo lo convierte en un laberinto impalpable y se desespera o entristece por su propio impulso, mas no por su propia voluntad que, si no lo fuera, paralizaría el impulso.
Es Fausto pero no lo es. Es mágico, juega con elementos, los confunde y crea códigos nuevos, obtiene sonidos de las formas, ve colores en el sonido y sensación en el color.

XII

Observando el cuadro opaco que le presentaba el ocaso -¿o sería el acaso?- el Hombre mide las tribulaciones del día y, con un arrebato de inteligencia -porque el Hombre no la utiliza con mucha frecuencia puesto que la mayor parte del tiempo actúa como el animal que es, es decir: por instinto-, conoce que todo es como aquel cuadro que muda.
Y ve que la montaña que se interpone entre él y el horizonte es como el medio concepto -¿o sería miedo concepto?- que le limita la visión de las cosas, como el cuerpo el alma; ve que el pájaro que atraviesa el cielo, aún clareado por los últimos vestigios del Sol, es como un sueño más que se le escapa en la vida, el murmullo del mato son diversas voces que simulan su queja, su llanto, su risa y su palabrerío vano. Ve que los árboles son colegas solemnes que aguardan, como él, lo que no saben y que las rocas, que sufren el golpe interminable del mar, son su imagen y semejanza -él y la vida.
Así se bebe lo que resta del día y sin saberlo -como todo en el hombre moderno-, se sorprende observando las primeras estrellas que le recuerdan sueños de juventud.
Luego, sin percibirlo, una a una se apagan y, como él, van muriendo.

TRANSICION

Soy transparente, cuando no soy negro. Transparente cuando hago esto y no aquello, lo que no es mio pero tampoco de aquellos, o aquello que es mio porque es de aquellos que son de los mios.
Soy incoloro, cuando no soy negro. Incoloro cuando digo lo que siento, errado o no tan errado, porque lo siento y no porque creo o creo que siento; soy la palabra sin filtro que me condena.
Soy invisible, cuando no soy negro. Negro cuando el equilibrio lo ordena, porque no hay absoluto, no existen en verdad ni estos ni aquellos sino nosotros. Entonces cuando yo soy negro tu te viras lo que no quieres.

XIII

El Hombre siente, es carne, es animal, es an y mal, es ser, es es. Y como ayer sintio, sin ti o el amor invisible, hoy si ente, siente que algo està cambiando, como siempre pero diferente, ente, siente.
Y por temor a algo desconocido se regala, rega a la locura y ahì queda porque hay queda. Asì se rehusa a la fuerza que lo recusa y lo pulsa del pulso, lo impulsa.
El Hombre se inquieta sin quieta, que èsta, que aquella, que ya que què, y què que ya. Ya que es, es èsta y aquella que ya es jaqueca que jamas deja.
El Hombre anda, es an y da, entonces anida, pero es locomocion, es loco y es mocion, es sion, es son, es om, es o y entonces es so y sol, es solo eso, es eso solo que es eso Todo.

XIV

Antes que el Sol despertó el Hombre, brillante como el aura de un mago, y contempló el paisaje del Morro como si fuera la primera vez; se sintió leve. Respiró profundo y el aire puro alivió el peso de su cuerpo al punto de no precisar de las piernas para moverse.
Y, aunque sospechaba que todo continuaba lo mismo, quiso creer que había cambiado.
Entonces creyó que sus lágrimas no eran más que lluvia o agua bendita y que la bondad sobrepasaba la justicia cuando, maldita, una nube le escupió a la cara, diciéndole que estaba errado.

XV

Él sabe que el humano es un bicho personalista que sólo procura el bienestar propio, eso implica la procura del mismo más allá de todo, es decir, sin importar más nada.
Ni el bienestar de un hermano, un amigo, incluso de un amor o su dios se interponen en esa carrera social. Entonces el humano hiere y lastima sin consideración, sin consideración más allá de la propia.
Él lo sabe pero poco a poco lo olvida, por no hacer de su existencia un manojo de desilusiones. Así consigue salir a la superficie para empatarse con sus hijos y hermanos y poco a poco vuelve a quererlos, gusta de su compañía hasta olvidar por completo lo que sabe y hasta que uno de ellos le recuerda el olvido, con un cuchillazo en las espaldas.
Y desde el piso no lo perdona porque no lo condena, porque le recuerda que sabe lo que sabe, sabe que no es con él sino con cualquiera. Y se levanta y ya le agrada la simple sonrisa de aquel que limpia en la manga de su pantalón un cuchillo ensangrentado.

XVI

El Hombre ha nacido salvaje y un riguroso sistema lo tiene adormecido. Así, aunque quiera expulsar todo su poder no lo hace, porque le insuflaron el temor.
Ahora es como una onça vieja de piel sobrando y mirada sin pupilas, donde se trasluce una historia que está llena de escombros.
Quiere ser malvado pero no lo es, quiere desaparecer y no se anima, quiere odiar pero no sabe y en un rincón del mundo se sienta a llorar desilusiones, una por una, hasta que no queda de él sino un saco de piel seca y curtida.
Y mientras sube la marea el Hombre, o lo que queda de él, tendría que alegrarse pero no, no lo hace. Por el contrario. Se de-reprime una vez más -¡y finalmente por última!- y quiere e intenta aferrarse estúpidamente a la mísera existencia.
Pero la marea ya comienza poco a poco a tocar el cuero viejo del Hombre, y en tres o cinco tirones lo arrastra sobre su líquida superficie y lo devora en silencio, y nada ha cambiado en el mundo.

XVII

Con el murmullo del mar como unico discurso contempla el Hombre el ocaso flotando en la marea; piensa, pero piensa en vano porque no hay problemas que resolver, no son, no hay. Pero hay estrellas que se encienden una a una en la cupula luminosa y hay una paciencia tal que hace el tiempo ligero, para que el Hombre lo sostenga en su mano y no sepa què hacer con él ni con el pedazo de inteligencia que lleva en el bolsillo.
No hay problema, no es porque él es mientras el cielo se sumerge en lo oscuro, preludio a la luna plena, él es cada estrella como poro que respira luz, calor, muda sensacion, es el tiempo que sostiene en su mano, es como todo y no lo sabe o no quiere saberlo, no le convence, fia pero desconfia y sin embargo aùn es luz, tiempo, carne, carne que es agua, tierra, fuego y aire, él es, es Todo, y porque tiene todo no tiene necesidad de nada.

XVIII

El mar es el minimalismo, el simplicismo de su amor por el Todo; el Hombre lo ignora, como tantas otras cosas.
El arruyo del vaivèn acuàtico por las noches le arrastra a la infancia sepultada donde el padre le recita canciones de protesta, y la caricia de la marea muerta la mano de la madre sacrificada.
El mar para él lo es Todo: el oxigeno, el hidrogeno, la sal, el agua viva, su cuerpo liquido embolsado; los peces policromos sus hermanos sin malicia -verdaderos hermanos-, las rocas almas petrificadas y la arena mixturada con todo eso un universo de energias distintas.
El mar Todo: la sal y la basura del Hombre; todo es bien para él (aunque continùa ignorandolo) aùn sabiendo qué es el mal, porque le han enseñado, porque el dolor o la contrariedad para él no son mas que proyecciones como la risa y la enfermedad.
El mar para él es Todo: el silencio que no existe, la paz sin silencio, la caricia sin manos, la hermandad de egos y, a la vez, la soledad sin nostalgia. Es el recuerdo revuelto de cuando la mar golpea contra el morro de luna extrema.
El mar lo es Todo: el ahora constante e inagotable que no cree en el futuro por eso mismo, porque el futuro muere en el instante. Asì el mar le enseña que el tiempo es una rueda milimetrada por el Hombre. Entonces el mar tambien es su maestro, su inpiracion, lo es Todo.
Lo es Todo, es Todo, Todo. Entonces es él tambien, él es el mar y la piedra-alma, la caricia, el agua viva, la inspiracion. Él es Todo y se expande en una inhalacion, abrazando el nuevo mundo que va creando.

XIX

No le faltaba nada porque eso era todo. Pero el Hombre Necesitaba de algo, algo más que la nada y menos que ese todo. Se sentía vacío y desbordado, se sentía y no quería. No quería ser por parecerle una estupidez y se reía, se reía de la vida, triste pero reía. Entonces vivía porque eso era todo, lo único; aunque no le gustaba. No le gustaba lo que experimentaba ni lo que no. Aún así, funesto capricho, andaba con un bolsillo lleno y otro descocido… y baba cayendo de sus ojos: alma destilada.
Ahora no le falta todo porque eso es nada; se piensa y no quiere, no quiere ser idea-pensamiento porque ya no es carne-densidad; no es. O no, ni esto ni aquello: ni preso ni esclavo, ni animal ni instrumento, ni triste ni muerto, ya no. Pero es, aunque no lo entienda y lo deteste, es. Entonces el Hombre es inmutable, no se mueve no se conmueve, todo le importa nada porque ya no sabe si es o no es, es nada, nada que nada en la nada donde no existe algo del todo. Entonces... nada.

TRANSICION

Soy como la piedra, la nieve, la noche fría. Soy la indiferencia, labios de helado, la castidad sin mancha de una monja. Soy el puente entre la palabra y el silencio, el canto de la mariposa, el suspiro de la hormiga. Soy lo que está más allá de aquello, siempre entre la razón y la locura, en soledad acompañado. Soy oxígeno, materia gris y lodo. Soy de todo un poco que no es nada.



Andrés Bonvin. 2013
Morro de São Paulo, Bahia, Brasil

Dibujo de Fede Diorio

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