En una de sus tantas vidas Barrabás decidió, luego de despertarse una mañana en medio de un sueño de esos que no quiere volverse, seguir durmiendo por el resto de sus días. Cerró, entonces, sus ojos y relajó su cabeza sobre la almohada babeada.
Sí, dormir por el resto de sus días y así vivir en el espléndido mundo de los sueños.
Sí, Barrabás dormiría por el resto de sus días en ese cuerpo material, pues en los sueños somos tan capaces de disfrutar de los sentidos como lo hacemos durante la vigilia. Así es que pudo acariciar diezmil texturas, olfateó todos los aromas y observó cientos de matices que jamás hubiera podido contemplar despierto.
Lo que él no sabía era que no podría escapar de sensaciones y emociones típicas como el miedo, la alegría, la avaricia, el vicio, el amor, la ira, el rencor... Pues, porque son, como los sueños, creaciones de la mente.
Fue así que un día fue el Rey del orbe entero y al próximo eximio pensador; en otra ocasión recorrió un centenar de calles volando junto a las aves, y en mil batallas luchó y en mil salió victorioso al mando de un séquito de desaforados seguidores. Sí, allí fue rico y pobre también, una noche fue mago y un atardecer volvióse un chamán; fue hombre, mujer, niño y demás animales; Barrabás fue prostituta, policía, tirano y también perseguido, fue un superhombre y también sacerdote.
Sí, Barrabás lo fue todo en una sóla vida y murió innúmeras veces, como si un constante eterno retorno le trajera del más allá una vez cerrado los ojos dentro de aquellos ojos cerrados.
Recorrió, en fin, todos los lugares y vió todas las criaturas, sin excepción de las criaturas aladas, y su vida en los sueños fue mil veces más alegre y mil veces más triste que una sóla vida fuera del lecho.
29 de Junio del 2004
FANTASIA NUMERO UNO
Todas las mañanas Rita salía a la calle y manipulaba sus marionetas de cuerpos reciclados -no por gusto ni ecologista sino por necesidad- frente a un variado público al que alegraba y divertía los trajines de la vida de Barrunte, uno de sus pequeños muñecos de plástico, madera y trapo. Siempre lo hacía en el mismo lugar, la plaza central, y siempre lo hacía para ganarse la vida -no por gusto ni por artista sino por necesidad- y pagar así la felicidad que se obtiene de lo material.
Barrunte, el más querido de todos, se paseaba día tras día por el diminuto escenario con su eterna expresión seria hasta que, en un momento, tropezaba con La Desdicha por no levantar la mirada, y recibía una paliza. La gente reía, pues "las marionetas no sufren... porque no tienen sentimientos", como dijo aquella mañana de otoño la madre de grandes caderas fértiles a su carajo de ocho años.
Así es que Barrunte mostraba día tras día su única cara, cara de desilusión y tristeza, a La Vida, quien también le maltrataba y luego le desnudaba para apuntarle las injusticias y horrores que lleva como llagas en el vientre y el pecho.
La gente realmente se alegraba con las tristezas del pobre personaje, que bien podría ser usted, o quien le habla o cualquier otro. En fin, así es que, cuantos más golpes recibiera Barrunte de mano de la Desdicha y de la Vida, más se alegraba también la pobre Rita, que de aquellas desdichas sacaba el pan y el aguardiente de cada día.
Mas una fría mañana, cuando la pobre Rita abrió la caja para despertar a Barrunte y alistarlo para un nuevo día de trabajo... vió que estaba vacía. El muñeco reciclado había escapado, pero… ¿Cómo? ¿Si ni siquiera tenía vida?
Aquella mañana lloró la pobre Rita tirada en el parque junto al pequeño escenario hecho de cartón y sucia muselina, lloraba porque ya no tenía el objeto que adornaba sus días, lloraba porque Barrunte ya no lloraría.
La pobre mujer corrió por el parque gritando su nombre y llamándolo como se llama a un perro o un hombre. Y la gente reía y se creía que todo era parte del primer acto de aquel día.
Lloraba la pobre Rita y corría por el parque de esquina a esquina, reía la gente y de esquina a esquina la seguía para no perderla de vista; parecían todos un grupo de locos persiguiendo a la Locura.
Así duraron unos cuantos minutos hasta que, de pronto, justo cuando el público ya se cansaba de perseguirla, cayó de rodillas aún llorando. Finalmente, su llanto se tornó mas intenso para finalizar en una histérica risa. El público, de pie, aplaudió hasta lastimarse las manos y arrojó dinero a los pies de Rita, que ahora tenía para hacer no sólo una sino muchas marionetas.
Rita, sin embargo, volvía a llorar desconsoladamente, pues, porque Barrunte ya nunca volvería. Sí, podría hacer uno igual pero no sería lo mismo, no sería el mismo, ni él mismo, no, Barrunte era especial, sí, aquel Barrunte que, sin conciencia y sin vida, le había dado tanta alegría.
Rita se incorporó, tomó las monedas y los billetes que descansaban a su vera, miró con odio al público expectante y se marchó hacia donde desembocaba la avenida. Aquel sería su último acto.
Minutos después regaló el dinero a un niño que pedía limosna en un semáforo mientras su pequeña hermanita improvisaba unas extrañas muecas para entretener a los automovilistas, cruzó la calle y entró en una iglesia -no por gusto ni religiosidad sino por una mala costumbre.
Rita cayó nuevamente de rodillas, esta vez frente a una escultura, y rogó a su Señor la llevara lejos de la materia y de este mundo de ilusiones, le rogó por su Infinito Amor que la matara en un accidente, con un cáncer o enfermedad repentina, "lo que sea", pero rápido.
Rita fue encontrada a la mañana siguiente ahogada en un vómito de aguardiente y agua bendita, frente al portal de la iglesia.
16 de junio del 2006
PEQUEÑA ASESINA
- ¡Padre, padre, he matado, soy una asesina! –gritaba la niña al tiempo que corría hacia los brazos de su progenitor- ¡He matado, he detenido el tiempo de la vida!
El hombre, siempre escéptico a las palabras de un niño, pidió que lo llevara al lugar del crimen. La niña lo condujo, todavía con el rostro llovido de lágrimas, tomándolo de la mano y con una torpe corrida de desesperación.
Una vez allí, la niña mostró al hombre una flor arrancada de raíz que en el empolvado suelo descansaba exangüe.
- Allí está, por descuido he dejado que mis torpes manos le separaran de su tierra madre. Padre, padre… ¿me perdonarás? ¿Me perdonaré algún día? ¿Podrá nuestro Dios olvidarse de esto?
El hombre, sonriente de las ocurrencias de su amado “tesoro”, le arengó sobre la muerte y la diferencia entre el asesinato de una bella flor y un ser animal. Pero Lyca no comprendía las palabras de su padre porque, en su mente pura de preconceptos, no veía la diferencia entre asesinatos ni el divisionismo genérico; ella creía que el asesinato, tanto de una flor como de un animal, era algo imperdonable y abominable, digno de la más despiadadas de las criaturas de cuentos fabulosos.
Fue, entonces, donde aún yacía el colorido cadáver y comenzó a construirle su merecido santo sepulcro, como le habían enseñado.
Aquel funeral había carecido de ceremonias y demás rituales mágicos pero no por eso careció de sentido, al contrario, la flor fue enviada al cielo… al cielo que en la joven mente de la niña se encontraba.
2 de Marzo del 2004
PEQUEÑA POETIZA
Posados sobre el límpido valle sus diminutos pies, contemplaba la pequeña poetiza el horizonte dormido; entre todo aquello, creyó vislumbrar una mano furtiva que le invitaba a conocer los misterios de una isla que semeja, resplandeciente, un ojo sin gracia. Recordando lo aprendido cerró sus virginales párpados, para así entrever en aquella oscuridad un permeable portal.
Así, tomándola en sus brazos Eolo, la condujo hacia el lomo del rutilante ojo donde le aguardaba un extraño ser, hijo del fuego y creador de la clara luz, que le llamó por su nombre, diciéndole:
- Progenie sagrada de la sombra, hermanastra del profundo océano, el tiempo en que habrás de atravesar el magnifico umbral no quiere ya más esperar, penetra, pues, y contempla lo que nadie puede siquiera imaginar. -la pequeña contemplaba asombrada ese cuerpo sin forma pero que sin embargo agradaba, y dijo:
- Tus convides son para mí ordenes que gozosa cumpliré. Pero... antes quisiera sentir entre mis manos tus sutiles formas.
Entonces el informe sentenció una vez más:
- Anega, inexpertas, tus falanges en tu propia carne y siente mi entero cuerpo. Porque tú penetras en mi como yo lo hago en ti; así es que todos somos Uno en este abrazo que es eterno y universal. Regocíjate, pues, con ese cuerpo que hoy es tuyo y que no difiere de este que pretende envolverte.
Entonces el Silencio bendijo sus gargantas mientras que a los pies de la niña la tierra se rasgaba en una grieta celeste-infernal procurando deborarla. Allí encontró el pasaje hacia aquel lugar en que nunca hubiera imaginado penetrar. Allí los misterios de la muerte le serían revelados e, indefectiblemente, también los de la vida le serían regalados.
Anonadada, vió que un tierno cupido de ceño fruncido la acompañaba en su caída, depositándola en las profundidades de aquella tierra. Describir aquel fantástico lugar mi naturaleza no permite y mi lenguaje es incapaz, tal la extrañeza, belleza y complejidad que los ojos de la pequeña pudieron contemplar.
Y nadie allí le hubiera hablado, no ser por aquella desconocida y morada flor que, desde lo bajo, le dijo:
- Vuela de aquí hermana mía, vuela ya, que todo este esplendor no soporta la humanidad; vuela que aún no has… –pero ya la poetiza cerraba, perenne, sus párpados y un profundo sueño la invadía mientras su cuerpo echaba raíces hacia los lados para convertirse en otra morada y dulce flor.
Y desde el cóncavo éter se agitó la bronca voz de la Melancolía que habla sin medir distancias:
- Extravía todo aprendizaje, pequeña mujer, porque el saber no tiene lugar en este nublado cielo que lava los rostros de sus vástagos dolores al derramar cual ácido rocío esas lágrimas que son pura ilusión. Sí, olvida lo aprendido, conviértete en Felicidad hoy, olvida el mañana y tu nombre, la historia y al hombre, para convertirte en Felicidad hoy. Sí, poetiza dorada, aparta tu pluma y tu hoja, atrás deja el quehacer para en la nada recaer... porque en Felicidad te convertirás hoy. Desmarca tus pasos, practica lo extático, para así el mundo contemplar sin tanto… -pero la Melancolía no podía ya mantener el habla y cubríase la cara, presa de una vaga desesperanza.
Octubre del 2004
COMUNIDAD
Luisa revoloteaba por el valle en busca de las flores que le regalaran el sustento, no sólo para ella sino para todos los de su comunidad, cuando vió, a lo lejos, que sobre el césped se retorcía una de sus hermanas. Desvío su vuelo y se encaminó en línea recta hacia su amiga.
- ¿Qué te pasa? ¿Por qué lloras? ¿Por qué te retuerces y gritas de dolor?
- No sé qué es lo que me pasa. Sólo sé que lloro por causa de este dolor que me obliga a retorcerme.
- Pero... ¿Qué ha pasado? ¿Qué te han hecho? ¿Qué has hecho?
- Pues... trabajaba en la comunidad, como todos los días, cuando el gigante, aquel gigante que con frecuencia nos alborota el reino para quitarnos el sustento que tanto trabajo nos cuesta, abrió de par en par nuestra casa. Entonces... ya no recuerdo nada hasta el momento en que lo atravesaba con mi aguijón. Recuerdo su grito y mi dolor; también me acuerdo que me arrojó aquí donde me encuentras de un sólo manotazo. Y desde aqui pude ver que él también llora, también se retuerce y grita de dolor... ¡Y con tan sólo un aguijón! ¡Un diminuto aguijón! ¡Imagina entonces lo que le harían cien, doscientos, mil aguijones a la vez! ¡Imagínate lo que podríamos hacer si todas juntas nos defendieramos de él...! -breves convulsiones detuvieron sus palabras, su momento estaba llegando, mas continuó-. No sé por qué me estoy muriendo amiguita, no he hecho nada malo. Pero sé que no he dado mi vida en vano, no. He dejado un ejemplo de la estupidez de la soledad y muestras de lo que podríamos en unidad.
- ¿Que no has hecho nada malo? Un sólo error puede acabar con tu vida. Es la ira que te ha matado porque no has sabido controlar tus sentimientos y has actuado inconscientemente en vez de controlarte y hacer lo que acabas de aprender.
Luisa muere y su hermana se aleja, no por carecer de sentimientos sino porque una abeja muerta ya no es una abeja. Se aleja y pronto olvida lo que una vida le acaba de enseñar.
13 de Diciembre del 2018

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