EN LA HIGUERA

A comienzos de 2017, luego de dos meses de visita en Argentina, volví, por quinta vez, a la hermosa Bolivia. El plan era encontrarme con Ale Marpla en Samaipata un més después, lo cual me daba tiempo para conocer una parte de Bolívia que aún no había explorado. 
En Villazón tuve que esperar varias horas hasta que saliera el bus a Sucre. Leí, fumé, caminé por la ciudad, comí y, finalmente, terminé de matar el tiempo fumando en un banco de la plaza, hasta que se hiciera la hora. 
El viaje fue frío y mal dormido, a pesar de tener dos asientos para acomodarme. Del otro lado del pasillo había un mochilero en la misma situación: dando vueltas como un trompo para encontrar la posición menos incómoda. 
Llegamos al terminal de Sucre a las cinco de la madrugada, yo tenía indicaciones de dónde hospedarme barato y ya me iba con la mochila a cuestas, cuando ví al viajero que también había sufrido el viaje. 
- ¿Sabes dónde dormir? -le pregunté con pocas esperanzas de que me respondiera en español, prejuzgándolo por su pinta de europeo. 
- No. ¿Y vos? -me dice en perfecto argentino. 
- Bueno... si querés vení conmigo. Un amigo me recomendó un lugar barato y no tan malo. 
Aquél personaje era el Javi, Javier Tuttolomondo, un rosarino con el cual forjaríamos una grandísima hermandad en pocos meses. Lector empedernido, amante del tabaco, del mate, del ocio y la buena vida.
En aquel lugar conocimos a un hippie viejo que nos recomendó conocer los pueblitos que van por “la ruta del che”. La idea nos sedujo tanto que por la tarde ya teníamos trazado el camino en nuestros mapas mentales.
- La intención sería llegar hasta La Higuera para conocer el lugar donde mataron al Che, y ver si podemos hablar o entrevistar a algún campesino de aquella época, que nos cuente cómo fue todo en los días de la guerrilla -le dije a Javi en una de nuestras tantas charlas entre verdes y tabaco. 
- Vamos -me dijo con total determinación. 
Fue así que tres días después salimos de Sucre en dirección a un bonito pueblo llamado Tarabuco, donde pasamos la noche. De Tarabuco fuimos a Villa Serrano y, al siguiente día, un bus nos dejó en medio de una carretera de ripio bajo un sol quemante, y nadie en muchos kilómetros a la redonda. De ahí se abre un camino de treinta kilómetros que va hacia La Higuera y no hay transportes públicos que suban hasta ahí pues, porque no es rentable. 
Entonces, amantes ambos del tabaco, decidimos fumar un cigarro bajo la sombra de unos árboles antes de comenzar la caminata.
A los pocos minutos vimos que un carro se acercaba desde Valle Grande y que, increíblemente, iba a coger por el camino a La Higuera. Era un taxi y, obviamente, le hicimos dedo . Era un taxista contratado por un turista japonés al que le había cobrado por diez. Lo más probable era que el turista no hablara español y que el boliviano no hablara ni japonés ni inglés. 
- ¿Nos lleva? 
- Puta... ¿Gratis? 
- Pues sí -le dije con toda seguridad, mirándolo a los ojos. Y viendo al chino sentado en el asiento trasero, agregué- Acá mi amigo es traductor de inglés y de paso le hace la charla al chino... ¿Qué le parece? 
- Ya pues, suban. 
En el camino el taxista nos dice que tuvimos mucha suerte, que ya casi nadie va por ahí, pocos turistas, y que si nuestra intención era quedarnos una noche había incluso uno o dos hospedajes. El problema sería al salir, porque los taxis cobran un precio que nosotros, caminantes, mochileros, no pagaríamos. 
- No importa. Ahí vemos cómo hacemos -nos dijimos mutamente, fascinados con la historia y la paz del lugar.
La Higuera es básicamente un aglomerado de casitas, de barro o material, al margen del único camino que sólo se bifurca para rodear una diminuta plazoleta con forma de estrella, donde hay un busto y una estátua del Che. Este punto central está rodeado por la escuelita actual, un antiguo bar que hace tiempo no abre sus puertas, también pintado con motivos “guevaristas”, como todo en aquel lugar, una casita y, finalmente, el abismo al otro lado. El poblado se extiende desde allí aproximadamente por un kilómetro en ambas direcciones, donde se ven unas pocas casas separadas, entre ellas la reconocida “casa del telegrafista” y la escuelita donde mataron al Chino, a Willy y al Che. No hay luz eléctrica. Todo es silencio, paz y tranquilidad. Todo es amable y no se percibe especulación o maldad. 
Pocos pasan por allá y menos son los que se quedan, por lo que somos una novedad en el poblado. Los niños se nos acercan y nos preguntan cualquier cosa y los adultos, superando su tradicional timidez, nos saludan sonrientes. 
La primer noche nos hospedamos en la nueva escuelita donde viven dos médicos cubanos que, según los pobladores, no hacen más que jugar al futbol, comer y dormir. A un lado hay una casita blanca que en su pared dice: tienda “La Estrella”. 
Alli vive una amable viejita a la que le compramos lo poco que tiene, incluso nos vende de su propia comida, y nos calienta el agua para el mate. Una mañana, mientras esperábamos por el agua, Javi le preguntó: 
- ¿Toma mate? 
- Yo no... no tomo yo mate. Yo tomo dulce... Té dulce -se transcriben las palabras de doña Irma tal cual salieron de su boca.
- ¿Cómo es su nombre? -intervine. 
- Yo Irma. Irma Rosado. 
Irma Rosado con Andrés Bonvin (foto de Javier Tuttolomondo)

Al saber de nuestro interés por lo acontecido con el Che, doña Irma nos muestra fotos de la guerrilla que ha juntado de revistas y algunas copias de fotos originales que quién sabe de dónde las ha sacado, fotos que intenta vender a los pocos turistas que pasan por ahí, y así ganarse unos pocos pesos. 
Nos muestra fotos del Che y de Tania, entre otras, y una del Che en la Quebrada del Churo junto a la enana, la abuelita y algún que otro personaje(1).
- ¿Usted sabe el comentario de la enana? Ella ha muerto ya, hace harto que ha muerto. Ya no vive nadie allí, nadie, silencio. 
- Sí... ¿Usted cuántos años tenía en aquella época? 
- Veinte años tenía yo. Yo tengo ahoritita 71, estoy en los 72. 
- ¿Y qué se decía de los guerrilleros en esa época? 
- Claro... el comentario había de los soldados... decían que los guerrilleros eran malos, los guerrilleros eran abusivos. Violaban, llevaban a las mujeres, pegaban a los maridos, les quitaban sus cosas... Y decian que si alguno daba alguna información lo apresaban y lo mataban. Todos aquí eran cobardes, tenían miedo. Y decían que qué ibamos a poder hacer nosotros que no teníamos armas. Por eso no ha tenido exito el Che, porque los campesinos no lo han apoyado yo creo. 
- ¿Y usted lo creía también eso? ¿Que los guerrilleros iban a hacer esas cosas? 
- Nosotros... como nos quedamos aquí, la gente más humilde que no tenía donde ir... Nos quedamos aquí. Y nos decíamos... “¿Tal vez será verdad?” Pero toditos los hombres se huyeron ahí, por esas montañas, por esas cumbres, se escondieron los pocos que quedaban. Y cuando llegaron el Che y los guerrilleros no encontraron a nadie. Escondidos en el monte estaban, dos días sin comer estuvieron. Y las mujeres y los niños habíamos quedado encerrados en las casas sin poder abrir las puertas(2).
- Pero ellos no forzaban las puertas ni nada -comentó Javi en casi una interrogación. 
- ¡Nada! Era falso eso. No ha pasado nada. 
- ¿Toda esa fuga, toda esa movilización era porque ya sabían que los guerrilleros estaban llegando? 
- Claro. Había comentarios de que ya los guerrilleros venían. Y ya hubo un combate allá en el Lago Yeso. Y desde ahí es que estaban viniendo rondando... para cá. Y ya nosotros ya eramos susceptibles -supongo que quiso decir vulnerables, o algo así. 
- Claro. 
- Dos señores les han vendido comida de aquel cerro pa' allá. El uno se llamaba Policarpio Cortés, el otro se llamaba Tomás... El uno les hábia vendido cuarenta huevos y cocinaron con papa. Y después, más a éste lado había un hombre que tenia cabras, y le compraron um chivato así grande. Y a esos dos los han apresado, los del ejército se los llevaron a Valle Grande enmanillados (esposados), para que dieran todos los detalles. Al que le vendió los huevos y al del chivato, enmanillados. Nosotros pensabamos que los iban a matar... pero no. Los tuvieron detenidos dos, tres días, pidiéndoles información, y los soltaron.
- ¿Y quién los delato a los que vendieron la comida? 
- Yo no sé quién sería, no nos daban a saber pues. Yo hasta ahorita no he sabido. Y hay una página que escribió el Che... en la Quebrada del Churo. Ahí habla de la enana también -Irma, ya viejita, cambia o retoma la conversación constantemente sin un hilo conductor, a veces me cuesta seguirla, e incluso responde con cualquier otra cosa a mis preguntas. 
- Sí, en el diario del él -le confirmé, ya resignado de hacerla mantener un tema. 
- Sí, el diario íntimo, en Bolivia... 
Silencio. 
- Antes de la guerrilla había más gente viviendo aquí. Eramos setenta personas. Pero con la guerrilla se fueron toditos. Todita la gente se fue. Si no hay gente... ¿Qué pasó? Abrazando el miedo se fueron. Esa casa de barro que usted ve ahí -señala una casita a pocos metros- se han ido en esa época, y esa casa que dice "Tania"... Los dueños se han ido a Santa Cruz por miedo a la guerrilla -doña Irma señala cinco o seis casas más abandonadas desde aquel entonces- la mayoría están en Santa Cruz, en Cochabamba... Hasta en La Paz hay una familia, la familia Rivera, eran treinta personas. 
- ¿Y toda esa gente volvió? Digo, después de la guerrilla. 
- Algunos han vuelto, pero dos dias o tres dias. Han vuelto a vender sus terrenos, las vacas que quedaban, han venido a vender lo que quedó. Y vienen a veces de visita pero... un día, dos días... y se van. No quieren estar en el campo, ya acostumbrados a la ciudad. Ya es otra vida ya. Aquí se sufre, acá no hay plata casi, aquí no hay ni mercado... Y por más que uno tenga platita no hay de dónde comprar un kilo de carne. 
Siguió un triste silencio. Luego pregunté: 
- ¿Y usted lo vió al Che cuando lo tenían aquí? 
- Claro si lo he visto. Yo le he llevado comida allá al "museo". 
- ¿Usted le llevó la comida al Che? 
- Una vez le he llevado, una vecita nomás. Sopa de maní. Eso dice... hay un señor que ha venido de Dinamarca, dice eso, que yo le llevé comida al Che. Su última comida.
- ¿Y se acuerda cuánto tiempo lo tuvieron ahí en la escuelita? 
- Lo han traído... lo han agarrado el 8 a las tres de la tarde lo han traído y en la noche, al amanecer del 9, lo han matado. No ha estado ni un día. Casi medio día y media noche. 
- ¿Y él cómo estaba cuando le llevó la comida? ¿Estaba tranquilo? -inquirió Javi. 
- Él tranquilo. Estaba con manillas. Mis padres eran humildes. A mí me entregaron a la señora del telegrafista para que le trabajara a ella, ahora ya se ha muerto. La comida no era mía pero yo hice. Y la abuelita me dijo “Vas a hacer una sopa de maní para llevarle al Che porque dicen que lo van a matar ésta noche”. “¿Y será que le van a dar permiso?” le dije yo. “El coronel viene siempre a comer aquí, le vamos a decir a ver si nos da permiso para llevar la comida”, me dijo la abuelita. Y el coronel llegó como a las once y le preguntamos si nos daba permiso para llevarle una sopa. “Llévele, llévele” dijo. Tuve miedo con la abuelita... a mí me daba miedo. Ella le ha hablado para que le saquen las manillas para que coma. Le dijo... “Está bien, por quince minutos nomás”. Y yo he entrado. Él estaba en una silla, de frente, y yo le he puesto así delante el plato. Una fuente así grande le he puesto con yajwa y con mote. 
- ¿Y pudo hablar algo? 
- No. Nada. Despues salí afuerita con la abuela. Y ya cuando hubo terminado, un soldado me dijo que entrara a recoger el servicio. Entré y ahí estaba ya con manillas el Che... y a lo que alcé el plato... lo había comido todo... a lo que alcé el plato me dijo "Gracias niña". Y yo estaba jovencita, veinte años. Así me dijo y ¡pum! Yo casi que me volé del susto porque me habló, me asusté grave -todos reímos. 
- ¿Pero usted le tenía miedo?
- No, yo no tenía miedo porque el sargento había dicho al coronel que el Che no iba a hacer nada porque estaba con manillas y no tenía armas. Y yo le decía que no, que no le iba a llevar... "solo que le diga al sargento que le lleve la comida usted", le dije al coronel. Y me insistió en que el Che no iba a hacer nada, que no tenía armas y que además estaba con las manillas puestas... Y bueno... Nosotras después de eso nos volvimos para la casa con la abuelita. Y de ahí ya, ese día lo han tenido ahí y en la tarde los soldados han salido a traer leña, harto. Y nosotras las chicas nos deciamos "¿no será que lo van a quemar al Che?" Y ya le preguntamos a un coronel, se llama coronel Cel. Inquietas estábamos. "Van a hacer una fogata en la tarde y van a tomar unos tecitos ahí", nos dijo el coronel. ¡Y tomaron hartísimo! Hasta que se marearon, mareados grave. Borrachos. Para el otro día amaneció el botellerio que era el doble la cerveza que habían tomado. 
- ¿Eso fue la noche que lo mataron? 
- Sí, antes de matarlo. Y el que lo ha matado dicen que estaba bien borracho. Terán. Dicen que estaba bien borracho él. Porque los agentes les decían que lo mataran de una vez, y nadie se atrevía. Y Terán dijo: "Yo lo mato porque él mató a mi hermano, allá en la Quebrada del Churo." Sí, parece que estaba bien borracho. 
- ¿Y Terán fue el que mató al Chino y a Willy también? 
- Sí. Él nomas, a tres ha matado. 
- ¿Y ustedes han escuchado los tiros? 
- Yo no vivía en esta casa. Entonces vivía más arribita con mis padres, todavía no era casada. Y no lo escuchamos nosotros. Los de aquí, los que estaban por acá han escuchado. 
- ¿Y cuando se llevaron el cuerpo alguien los vió? 
- Todita la gente ha aparecido entonces, cuando ya llevaron el cuerpo al helicóptero. Porque no había camino carretero entonces aqui, era camino de herradura de animal, no había carretero. Y después de la guerrilla ha venido el presidente René Barrientos Ortuño, ese ha dejado plata y con esa plata hemos hecho este camino. La Alcaldía no nos quiso ayudar, no quería que haya camino para acá. 
- ¿Para que la gente no viniera a visitar? 
- Claro, no quiso. Ni cómo... ¡Nada! Pero nos valimos todo el pueblo de esta zona Sur. Con el dinero que el presidente dejó al corregidor compramos un torillo y nosotras las mujeres cocinabamos y llevabamos la comida pa' los peones, todos los días había cincuenta, sesenta peones. De aquí pa' allá hay hartísima gente, hartas comunidades hay. De aquí pa' allá, ¡Uhhh! Gente hartísimo hay. Viven hasta allá hasta la Quebrada de Santa Helena, hasta San Lorenzo, y de ahí ya se pasa a Alto Seco. En término de un mes han hecho el camino al cruce de Serrano (30km). Pero lo han hecho todita la gente. Y cuando ya estaba el camino hecho para que entrara una movilidad chica... entonces la Alcaldía vino y trajo una maquinita a relimpiar, a aplanar. Pero fuimos nosotros que pusimos toda la fuerza, todo el trabajo. A plan de punta y de picota han hecho. Sin máquinas. Más antes queríamos hacer el camino pero no había fuerza, no había comida, no había plata... Y dos meses después de la guerrilla el presidente ya nos hizo colocar el agua potable y dijo que nos iba a regalar un tractor para aquí y otro para Pucará. Para que trabajemos, para que adelantemos la pobreza, el sufrimiento que tuvimos. Y decían que había mandado los tractores... pero cuándo él tuvo el accidente se han quedado en Valle Grande, se han perdido, las autoridades se los han escondido. Si tuvieramos esa máquina no estuvieramos tan pobres aquí. Aquí vivimos pobres porque no tenemos maquinas para trabajar. A plan de pulso... un día, dos días van los hombres a trabajar... Muertos de los brazos quedan. Aquí es viva piedra la tierra, aquí es viva piedra los terrenos, no hay un lugar plano. Así es que talvez no estuviéramos tan pobres, estuviéramos un poco más adelantados. 
Silencio. Irma por momentos parece sumergirse en el pasado, reviviendo en su interior tanto alegrías como sueños frustrados.
- Y así. Él ya tuvo el accidente. Se cayó el avión -Barrientos muere en un accidente en su helicóptero personal, en situaciones dudosas.
- ¿El presidente? 
- Si. El presidente Barrientos. Dos años después de la guerrilla. 
- ¿Y el avión se cayó por alguna falla técnica o algo asi? ¿Usted qué cree? -indagué. 
- No sé, la gente como todo hablaba. Decían... es el castigo del Che, diosito lo ha castigado... ¿cómo ha hecho matar una persona humana...? Otros decían que lo habían traicionado... ¿Cuál sería la verdad? Yo no sé. 
Hay un nuevo silencio donde se escucha el canto de los pájaros. Irma continúa:
- Y de aquí se lo llevaron a la lavandería que aparece en la foto, y de ahí se perdió. Nadie sabía que se hizo. Treinta años. Recién a los treinta años un abuelito llevó la noticia del cuerpo. ¡Uh, a ese sí que le han dado dinero, hartísimo! Lo encontró más abajo del Cementerio General. Ahí lo habían ido a enterrar. Con máquinas parece que habían cavado. Y ahí lo metieron con varios otros guerrilleros muertos. Y sabían que era él porque a él en Valle Grande le habían sacado las manos. Y dicen que ellos cavaban, hallaban... con manos, otro... cavaban, hallaban... con manos. Y a lo último dicen que habían sacado un cuerpo... ese no tenía las manos, las muñecas nomás. Por eso han dicho que era él. Y de ahí se lo han llevado a Cuba, los restos. 
- ¿Y cuándo empezó a venir la gente para acá? Al turismo me refiero. 
- Después que acabó la dictadura. Cinco años de dictadura. Cinco años que si usted venía nadie le atendía nada, nadie le charlaba, nadie le vendía nada. Porque hasta eso nos prohibieron. Que uno no venda nada a los visitantes, ni los reciban de ninguna forma, ni un vaso de agua. Porque por él viene la gente, de todos los países. ¿Quién por gusto iba a venir aquí? Nadie. Nadie... es por él por lo que vienen. 
- ¿Y la gente venía igual? 
- Venía. Venía gente harto... 
- ¿Y qué pasó con el señor que los delató? El de la Quebrada del Churo. 
- Pedro. Pedro Peña, se ha perdido. Ese se ha perdido. Él había bajado a ver su papa que tenía sembrada ahí abajo. Y justo los guerrilleros habían estado cavando sus papas y habían estado comiendo. Y él les preguntó que por qué habían estado sacando sus papas(3). Y el Che le dijo que ya no iban a sacar más, y le dijo: "mira, vos nos has encontrado aquí. Yo espero que vos no delatés nada". Y le dieron plata al hombre. ¿Cuánto le darían? Y ahí se vino asustado dice, para arriba. Y va y le dice a su esposa que vió a los guerrilleros allá en la Quebrada del Churo. "¿Ahora qué puedo hacer? ¿Voy a denunciar o no?" "Vamos ahorita a denunciar porque por la huella que tu viniste en la noche van a venir y nos matan aquí, como es una casa solita en medio del monte, nos matan", le dijo la mujer. Y se fueron ese ratito a Pucará a denunciar. Y de ahí mire, dos días que su mamá fue a buscarlo y se ha perdido, nunca más se supo nada. Su madre lo ha estado buscando por un año, preguntando por todas partes, llorando. Se ha perdido para siempre. 
- ¿Qué cree que le pasó? 
- ¿Qué habrá pasado? Y... quién sabe... si ni su mamá sabía peor nosotros. Yo le pregutaba a los militares. Porque allí hicieron su campamento y a veces pelaban gallinas y nosotras les ayudabamos a cocinar. Y cuando les preguntábamos por Pedro nos decían "quién sabe, tal vez las autoridades se lo han llevado a otro país... -eso nos decían- O lo habrán matado... No estamos enterados de eso nosotros". Trescientos soldados eran que estaban aquí. Los campamentos eran todos por aquella rinconada. Llegaba la noche y el tiroteo era como tostadera, pensando que los guerrilleros estaban por ahí. Tiraban por tirar. 
Una nueva pausa nos devuelve a la paz del lugar y al canto de los pájaros antes de que Irma continúe: 
- Y otro ha muerto pues también. Allá. Ha habido otro combate más allá... En Abra de Duraznillo. Ese los habia visto a los guerrilleros allá en ese monte donde hay huapuro. Y ese vino ya en la noche y los denunció, denunció que estaban los guerrilleros allá. Y los soldados le dijeron que los llevara para allá, y se fueron caminando. Llegaron a la orilla del monte y no encontraron nada. Pero el guía, como esa noche había llovido, halló sus huellas, porque era diferente la trilla de sus zapatos que no eran como las de aquí. "¡Por acá, por acá, por acá está la huella!", les gritaba a los demás. Cuando ya más abajito dice que ya no había huella. Y buscaba pa' un lado, pal' otro lado en el monte y no encontraba por dónde seguían las huellas, las huellas se perdían. Y los guerrilleros habían estado trepados en los árboles, y cuando los vio gritó "¡Vengan, vengan que acá estan!" Y ahí... ¡bang...! de arriba le pusieron... lo mataron, le han florecido la cabeza. Cirilo Moscoso se llamaba. 
Irma suspira y continúa: 
- Ese hombre dejó una mujer y dos hijos, una hija mujer y un hombre, chiquitos eran. Y la mujer lloraba lágrimas vivas. Al cabo del mes, dicen que cuando estaba rezando la novena comenzó a llorar y llorar... y le dió un infarto, y se han quedado los hijos. La chica tenía ocho años y el otrito tenía cinco años. Se han quedado solitos oiga. Usted sabe la gente no tiene pena de nadie,  ahora lo que es la gente es bien dura. Nadie de los parientes vino a visitarlos. Ellos se han criado como se han podido. La chica como una persona mayor y a los quince años se había casado y el muchacho se quedó así nomás, sólo. Y la chica, claro, le ha afectado la muerte de su padre, de su madre, y ella dice que tenía... el corazón, el corazón, el corazón... Y le ha dado un infarto y se ha muerto. El muchacho está vivo, vive nomás pues, pero ese hombre es loco. Claro, él a ratos charla bien y a ratos se apega y le da la mano así y lo abraza y lo besa y lo apreta a la gente... Pero después sigue hablando normalmente. Pero él no es normal siempre, le dan ataques y cae muerto, dicen, que se desmaya, quién sabe, ese hombre no está bien. Todo pasa en la vida oiga. 
- ¿Y usted cree que ahora está todo un poco mejor que antes de la guerrilla? 
- Aquí está peor. Todo está pa' atrás, nada pa' delante. Porque no hay un mejoramiento de nada aquí. Aquí dejan plata los turistas y nadie hace nada con ese dinero, con el dinero del museo y del alojamiento de la escuela. No tienen interés la gente de hacer nada, arreglar nada, aquí todo está fregandose... yo no sé qué le hacen a la plata. En cincuenta años no han hecho nada, nada.
Finalmente pregunté a doña Irma si había en la Higuera alguien más que nos pudiera contar sobre la guerrilla, y nos indicó la casa de don Cleto, a unos cien metros en dirección a la salida del poblado, pasando por la casa del telegrafista.
Al atardecer fuimos a la casa del don y resultó ser una especie de tienda donde los niños compran sus dulces y los grandes sus cigarrillos y algún trago. El viejito tenía 14 años en la época de la guerrilla y nos cuenta su visión de lo acontecido, con lujo de detalles, como si fuera una película. Se transcriben las palabras, como las de doña Irma, tal cual salieron de su boca:
- Los guerrilleros venían de allá del Ñancahuasu. Tuvieron ya muchos combates y perdieron al grupo de Tania, todo el grupo de Tania. Cuatro guerrilleros han muerto ahí. Y de ahí se vienen pa' este lado, ya al norte se vienen, se vienen de subida ya. Ya ellos tenían su mapa, pa' huir, por donde iban a huir. Y justo pasan por acá... iban recto hacia Aquinure. Así vinieron huyendo, huyendo de allá. Llegaron primero a un lugarcito llamado Alto Seco. Allá arriba es la casa, ahí llegaron, ahí compraron todo lo que había en la tienda y pagaron más de lo que valía todavía eso(4). Sí, veintidós guerrilleros eran. De ahí se vinieron nomás pa' este lado, de Alto Seco llegan a un lugarcito de potreros y de ahí ya se fueron a Loma Larga. Ahi compraron un chancho, un chancho grande, cuatro arrobas de manteca sabía tener, grande. Tesóstenes Vargas era el dueño del chancho, le pagan bien y se van y lo comen en la Quebrada de Loma Larga(5), asado hicieron el chancho y por la noche se hicieron una sopa con la lonja del chancho, con joco (calabaza), ahí amaneció con diarrea todito, toditos los guerrilleros con diarrea -don Cleto ríe y continúa:
- De Loma Larga se pasaron al Puyo. Mas arribita, como aquel cerro salen ya, y ahí por el cerro viene el camino pa' este lado, del Puyo. Hay un camino por arriba y otro por abajo, se habían venido por abajo. Y llegaron un día a Tranca Mayo, un día 25 de Septiembre(6). Se quedaron ahí en la quebrada. Ya el día 26 salieron de ahí y llegaron a Abra del Picacha(7). Había una fiesta de las mercedes. Estaban tomando ahí la gente. Había hartos borrachos. Ahí cuando llegan los guerrilleros los borrachos se desaparecen, se ocultan. Y siguen llegando los hombres armados, con sus mochilas. Y último... último llega uno montado, montado en su mula llega, y con su perro. Llega y se baja y les habla a la gente. Y le habla a los borracho. Y salen todos los borrachos, pierden el miedo, borrachos ya pierden el miedo... les invitan chicha a toditos los guerrilleros. Y ahí ya los músicos tocan una pieza, una canción. ¡Y baila el Che Guevara! Que había sido el de la mula. Primero saca una mujer... Los otros guerrilleros no ven mujeres así que bailan entre ellos. Termina la canción, de nuevo les invitan su copita e chicha. Ya el hombre que llega montado en la mula se hace a un ladito, solo, más allacito, saca su largavista, mira hacia La Higuera desde allá arriba. Ve a los soldados, hay presencia de soldados pero están lejos... Pero él ya tenía miedo de encontrarse con los soldados. Con el regimiento grande. Porque ellos ya estaban instruidos ya con americanos... Había soldado acá al ferente. Había allá Aquinure, Serrano, Valle Grande, Pucará, había soldados.
El viejito para para tomar aliento y continúa.
- Como a la una ya salen de Abra del Picacha hacia La Higuera, aquí llegan como dos en punto,  justo aquí era una tapera. Llegan, se alojan... y justo más al frentecito hay un árbol grueso... ahí dejó amarrada su mula el hombre. Llegan aquí, se hacen el grupo. De ahí el Coco vuelve donde el telegrafista a buscar el telefono(8) y los demás guerrilleros van a las casas en busca de alimento. Le han dado unos panes, unos huevos, la gente.
- ¿La gente los ayudó? ¿Por más que los militares dijeron que no lo hicieran?
-Sí, unos huevitos, unos panes nomás. Ahí volvieron y ahí ya hicieron su plan pa' salir. Ya a las dos y media salieron de aquí. Salían con distancia de cien metros cada uno. Yo los ví. Primerito salió Coco, después Julio, Miguel... cuarto iba el Camba yo creo. Los que estaban más adelante murieron toditos, los tres primeros. A Coco le disparan de distancia de cuatro metros, pero no se por qué le disparan por la pierna primero. Será que había miedo no sé... ¿por qué no le dispararon de una vez por la cabeza? Por la pierna le disparan primero. Cae, dicen, con el disparo. Y a lo que cae él saca su pistola, pero el otro soldado le dispara rápido, a lo que se endereza le dispara en la frente. Le destapa la cabeza al Coco. En el primer combate mueren tres guerrilleros. Pero en el primer disparo que hubo... de aquí, aquí al ladito de esta casa contestaba uno con pistola. Cada cinco segundos... dos disparos... dos disparos.
- ¿Usted escuchaba?
- ¡Claro! Así contestaba. Esperando que vuelvan los que estaban a la cabeza, que vuelva el Coco, que no iba a volver. Así mas o menos diez minutos, hasta que decide irse. Por aca hay un caminito, y como la mula estaba amarrada ahí enfrente nomás, la jala y baja por el camino con dos compañeros que volvieron de más acacito. Era el Che con dos más. De arriba los soldados disparaban, pero no llegaban los tiros. Ahí quedaron dispersos, unos durmieron en unas casas abandonabas por aquí, otros por el monte, otros en la quebrada... pero ya al otro día se agrupan y cerca del amanecer se retroceden medio al norte por un costado de la Quebrada de San Antonio. Acá más derecho hay una hacienda, una casa grande como ésta así. Casi diagonal a la hacienda se ocultan. Al otro día los soldados de aquí se van rumbo a la hacienda. De aquí va el camino recto a la hacienda, hartos soldados, como quinientos, seiscientos.
Don Cleto se emociona contando la historia, una historia que tal vez ya contó muchísimas veces, pero que aún mantiene vivos sus años de juventud, años donde pasó algo que cambiaría para siempre a La Higuera y las vidas de sus pobladores.
- Y al fin estaban frente a frente, soldados y guerrilleros. Pero no los veían los soldados. Era un hueco bien así oculto. Los guerrilleros estaban ocultos en ese cañoncito. Ahí no los vieron, hasta las cinco estuvieron por ahí buscando. Se pierden los guerrilleros como unos seis días. No había noticias. Y al fin se habían salido de ahí de la hacienda a la Cueva del Tunar, más arribita, salieron quebrada arriba y hallaron una cueva y ahí se quedaron. El siguiente día más arribita encuentran a una viejita que sale a cuidar las chivas, la toman prisionera a la abuela. La tienen todo un día, pero la abuela les informa bien todo, sobre las noticias, sobre los soldados.. pero los guerrilleros igual la espían, a ver quién iba a verla y esas cosas(9). En la semana nomás una sola persona había ido a visitarla. Ella les vendió víveres durante esos días. Les vendía carne, papa, queso, le hacia frito. Ellos de la cueva iban a lo de la abuela por la noche a buscar los víveres, vestidos de campesinos. Y de ahí salían a acá pa' La Higuera a investigar, si había, comida, soldados y esas cosas. No había nada, sólo soldados.
El viejito enciende un cigarro y continúa:
- Y justo ahí en la Quebrada del Churo a un costadito había papa sembrada ese tiempo. Y justo el día siete viene a estancar el agua al dueño de la papa y se queda ahí para regar al otro día a la mañanita, y ya los guerrilleros en la noche se salen de la cueva pa' pasarse más pa' adelante. Ya como las diez, once, los querrileros entran al papal y el dueño estaba durmienro a orillas del papal. Él los ve y escapa ese rato...
- ¿El campesino no habló con los guerrilleros? -preguntó Javi, recordando que doña Irma nos había contado que los guerrilleros hablaron con él y que incluso le habían dado dinero por los daños causados en su papal.
- No. Él los ve nomás, se va gateando por el monte, asustado. Y va le avisa al corregidor ese ratito, se llamaba Manuel Herrera el corregidor.
- ¿Y el campesino que los delató al corregidor?
- Pedro Peña era. Ese avisa y de inmediato el corregidor viene avisar aquí. Anibal Quiroga era en ese tiempo. Y ese en el rato avisa a Valle Grande. Al otro día, día ocho, seis de la mañana estan mil seiscientos soldados. Ya rodearon la Quebrada del Churo, llegaron a posicinarse ya, de ambas bandas, de arriba hacia abajo, ya los guerrilleros estaban al medio. Y algunos soldados se disfrazan de campesinos y también van con algunos campesinos de guías a verificar si hay algo. Pero no hallan huellas, lo unico que sintió un campesino fue olor a cigarro nomás pero huellas no ha pillado. Vuelven y como a las siete ya empieza el tiroteo, disparan nomás hacia abajo de la quebrada. Y dura el tiroteo maomenos hasta las nueve de la noche. Todavía se escuchaban disparos a esa hora.
- ¿Usted vivía aquí mismo en esta casa?
- Sí pues. Y los guerrilleros disparando quebrada arriba se encuentran con un muro, un encajonado alto, no pueden pasar. De ahí ya ellos retroceden pa' atras. Y un guerrillero se había metido a un hueco en un árbol, ahí cerca del muro. Soldado que espiaba de arriba poquito... Lo bajaba !ta! En la frente nomás les daba, de abajo. El Chino era. Ya mueren siete soldados. Al séptimo soldado lo descubren ya que era del hueco, y le tiran una granada ahí, y ahí queda ciego el Chino. De ahí como a las tres y media el Che retrocede quebrada abajo ya, y lo toman prisionero como a las cuatro y media. Pero él estaba herido ya en la pierna derecha, ya él bajaba cojeando ya. Y su mala suerte... Dos soldados habían estado posicionados a un costado de la quebrada... ¡dum...! De repente de encuentran. Apuntan ambos y le gana el soldado, justo le dispara en el caño de la carabina, le florece el caño, ya no funciona la carabina. La bota y saca la pistola, pero es que muy rápido sacó la pistola y se le tranca... era automática y se trancó la pistola. Y así es que él ya avisa, ya el suelta la pistola, alza las manos arriba y les dice que no lo maten, que él era el Che Guevara. Que no lo maten. Como eran dos los soldados sale uno a tomarlo prisionero, pero se resiste, como eran chiconcitos los soldados y él era grande. Pero al fin no pudo vencerlos porque él estaba herido de la pierna, no podía hacer fuerza.
Don Cleto se levanta para atender una niña que viene a comprar un chicle y pronto regresa para continuar con la historia:
- Lo amarran con su propio cinturón. Allá en la misma quebrada. A orillitas del papal, debajo de una higuera. Y recién llaman a su comandante, tenían una emisora grande así. Ahí informan que tomaron prisionero al Che Guevara. Entonces fué el comandante y el Che Guevara no responde ninguna pregunta que le hacen, no dice nada. De ahí ya lo sacan al campamento militar acá arriba. Ya acá arriba le invitan su ración los soldados, come, saca su pipa, estaba fumando... y de ahí ya lo traen dos campesinos, lo traen agarrando directo a la escuelita, donde es el museo ahora. Y esa misma noche habían venido sus compañeros. Y se sentaron frente a la escuela, en esa piedra grande que hay frente a la escuela, ahí se sentaron a escuchar. Los soldados estaban contentos de que habían tomado prisionero al Che Guevara, bridaban, y los guerrilleros estaban ahí, disfrazados de campesinos, queriendo escuhar qué charlaba la gente. Ahí estuvieron como una hora y ahí se fueron nomás. Y al otro día, día nueve, ya los comandantes no sabían que hacer con el Che, porque era peligroso manejarlo, porque era astuciero. "¿Como llevarlo? ¿Como llevarlo? ¿Vivo o muerto?", se preguntaban... Pero no había órden de nada. Ya como a las nueve y media le llegó la orden de que mataran al Che.
Los formaron a los soldados frente a la escuela y apenas sale uno. Que había sido Mario Terán. Ese mata primero a los dos que están a la entradita y tercero al Che. Le tira una ráfaga. Ahí acaba la vida del Che Guevara.
- ¿Y usted vió cuando se llevaron el cuerpo del Che?
- Ah sí, sí... parecía que estaba vivo. Como vivo se veía. Si iba pa' un lado igual lo veía a uno, igual lo seguía mirando... Lo llevan en helicóptero a Valle Grande directo a la lavandería, ahí está como unos tres días y de ahí ya lo pierden. No saben dónde han enterrado al Che Guevara. Se pierde como treinta años, y empieza la busqueda del Che...
- ¿Quienes iniciaron esa búsqueda?
- Los cubanos. Empiezan a buscar. Bueno, en fin, empiezan la búsqueda y lo hallan. Lo hallan en la fosa donde había estado enterrado con sus compañeros. Ahí se lo llevan a Santa Clara... ahorita está allá, en Santa Clara. Y ahí se acabó la historia.
- ¿Y usted pudo hablar con alguno de los guerrilleros? ¿Algún contacto?
- No. No. Ese tiempo casi ... a ver... Los únicos que han charlado son la gente de Abra del Picacha. Porque aquí ya sabían que venían los guerrilleros ya, ya la gente estaba oculta, algunos por ahí, otros en sus casas, echaron llaves, puntal de adentro, colchones en las puertas... porque las balas eran muy peligrosas. Y era cierto. Era peligrosa la bala del Che, cuando empezaba el combate. Era muy sumamente peligrosa la bala. A un soldado le había picado un poquito atrás del tobillo, poquito le había rozado el cuerito de encimita le había levantado, yo lo vi, salía poquito sangre, nada más. Pal otro día muerto el soldado. Pero poquito... -insisitió don Cleto.
- ¿Qué quiere decir? ¿Que tenía balas enevenedadas? -preguntó Javi entre sonrisas, como siguiéndole el cuento.
- Claro. Envenandas eran las balas. Pero poquito le había rozado...
- ¿Y con qué cree que las envenenaban? -lo interrumpí.
- Puta, eso es lo que no se sabe. Uno me ha dicho que era con el veneno de la víbora, que lo pringaba el proyectil, eso nomás era. Y yo les pregunté a todos y uno sólo me ha dicho que era con el veneno de la víbora cascabel... Que si... poquito rosadito estaba el cuerito, apenita... Para el otro dia muerto el soldado.
- ¿Y es cierto que la gente les tenía miedo a los guerrilleros?
- Ah claro. Por algo se ocultaba la gente.. ocultos...
- ¿Y usted se ocultó aquí en esta casa?
- Sí... y en el primer combate habían escapado pa' acá unos cuantos, se vinieron con el asado. Ya los que se escaparon pa' este otro lado ya perdieron el asado. Pero los soldados se fueron también, más allá los emboscaron... y habían estado viniendo dos campesinos, a esos los toman prisioneros los guerrilleros, de guías por una quebrada. Y justo llegan a un muro alto, alto pues, y feo estaba, de abajo daba a una asequia, un papal. Y los guerrilleros los hicieron saltar abajo y los campesinos de susto... sanitos habían caído abajo, no les pasó nada, ni la caldera se volcó, nada, cayeron abajo y picaron con la caldera por la asequia, se escaparon... como estaba feo los guerrilleros tardaron en dar la vuelta y entrar abajo... -aquí se pierde don Cleto y comienza a dudar y divagar unas ultimas palabras- escaparon los guerilleros con el asado... Lo perdieron. "Acá no va a alcanzar" decían los guerrilleros... tres días... Y... Lo otro... Igual...
Una niña entra a comprar un dulce y al regresar don Cleto no recuerda de lo que estaba hablando y dice:
- Bueno. Ya les he contado un poco.

NOTAS (tomadas del Diario del Che en Bolívia)
(1). SABADO 7 DE OCTUBRE 
...estamos aproximadamente a una legua de Higueras y otra de Jagüey y unas 2 de Pucará. A las 17.30, Inti, Aniceto y Pablito fueron a casa de la vieja que tiene una hija postrada y una medio enana; se le dieron 50 pesos con el encargo de que no fuera a hablar ni una palabra, pero con pocas esperanzas de que cumpla a pesar de sus promesas.
(2). MARTES 26 SEPTIEMBRE 
...Al llegar a la Higuera, todo cambió: habían desaparecido los hombres y sólo alguna que otra mujer había...
(3). SÁBADO 7 OCTUBRE
...Salimos los 17 con una luna muy pequeña y la marcha fue muy fatigosa y dejando mucho rastro por el cañón donde estábamos, que no tiene casas cerca, pero sí sembradíos de papa regados por acequias del mismo arroyo...
(4). MIÉRCOLES 20 SEPTIEMBRE 
...llegamos sólo a las 23 a la casa de Aladino Gutiérrez, que no tenía gran cosa de pulpería, aunque se consiguieron unos cigarros y otras boberías; nada de ropa. Dormitamos un poco para iniciar la marcha a las 3 rumbo a Alto Seco, que dicen dista 4 leguas. 
(5). DOMINGO 24 SEPTIEMBRE 
Llegamos al rancho denominado Loma Larga, yo con un ataque al hígado, vomitando, y la gente muy agotada por caminatas que no rinden nada: Decidí pasar la noche en el entronque del camino a Pujio y se mató un chancho vendido por el único campesino que quedó en su casa: Sóstenos Vargas; el resto huye al vernos. 
(6). LUNES 25 SEPTIEMBE 
...Pujio es un ranchito situado en un alto y la gente que huyó al vernos, luego se fue acercando y nos trató bien. Caminamos a retazos hasta llegar a Tranca Mayo donde dormimos a la vera del camino... 
(7).MARTES 26 SEPTIEMBRE 
Llegamos al Abra del Picacha donde todo el mundo estaba de fiesta y es el punto más alto que alcanzamos, 2.280 ms.; los campesinos nos trataron muy bien y seguimos sin demasiados temores, a pesar de que Ovando había asegurado mi captura de un momento a otro...
(8). MARTES 26 SEPTIEMBRE 
...Coco fué a casa del telegrafista... 
(9). SÁBADO 7 OCTUBRE 
Se cumplieron los 11 meses de nuestra inauguración guerrillera sin complicaciones, bucólicamente, hasta las 12.30 hora en que una vieja, pastoreando sus chivas entró en el cañón en que habíamos acampado y hubo que apresarla. La mujer no ha dado ninguna noticia fidedigna sobre los soldados, contestando a todo que no sabe, que hace tiempo que no va por allí. Sólo dio información sobre los caminos; de resultas del informe de la vieja se desprende que estamos aproximadamente a una legua de Higueras y otra de Jagüey y unas 2 de Pucará... 

Comentarios

  1. INVALUABLE REGISTRO HISTÓRICO DE LA PLUMA DE UN MAESTRO NARRADOR, BUENÍSIMO PODER LEER ESTA AVENTURA LITERARIA. --ANDRÉS CATELLA.

    ResponderBorrar

Publicar un comentario